El incremento de la criminalidad en Centroamérica y el aumento de registro CURP en México

Para las autoridades, especialmente las de migración, no es una novedad esto:

Conforme se va acentuando la criminalidad en países centroamericanos, se reciben más personas desplazadas como consecuencia de ello en la periferia, incluso dentro de la misma región pero en países con más oportunidades, como es el caso de México.

Cada día crecen las cifras de migrantes, algunos aducen razones humanitarias, otros simplemente procuran ingresar por medios reprobables o no, sin denotar la historia de violencia detrás de la huida. Gran cantidad de personas que salen de estos lugares lo hacen sin una preparación previa a ningún nivel: psicológico, económico, social, cultural, laboral, administrativo. Algunos salen de su país con lo que llevan puesto, en medio de un hecho que no da tiempo ni criterio para pensar en recoger el documento de identidad.

Entre los año 2010-2014, Honduras fue el país más violento del mundo de una región que no esté en guerra. De hecho, Latinoamérica es la región más violenta del mundo, incluso más que las que se encuentran permanentemente en guerra.

Para elaborar estas cifras, los expertos recurren a las tasas de homicidios y otros delitos graves, por lo que no extraña que esta manifestación social endémica latina nos coloque en la palestra de modo negativo. En Centroamérica, casi todos los países son violentos, entonces se entiende que el desplazamiento de personas obedece, ciertamente a este fenómeno, pero aunado a otros intrínsecos, como la pobreza.

La diferencia de Honduras, Guatemala, El Salvador con México, donde también se vive una violencia endémica que se hace difícil de erradicar, es que en suelo azteca hay más recursos, a pesar que hay pobreza no existe en los niveles de otros países de la región.

Es por ello que muchas personas deciden dejar sus hogares para llegar a un lugar más seguro donde puedan al menos tener mejor calidad de vida y, si bien en ambientes violentos, muy reducido en comparación con su lugar de origen. Adicionalmente, estas personas vienen huyendo de una situación violenta personal, es decir, de pertenecer a las maras, la cual dejan para comenzar una nueva vida, o porque han recibido amenazas de estas o sufrieron un atentado del cual salieron con vida afortunadamente y deben iniciar desde cero en otra parte para mantenerse con vida.

Aquellos que salen de su país para olvidar lo vivido, el trauma de la existencia anterior, se enfrentan a otro problema al llegar a territorio mexicano: se exponen a todos los peligros del viaje, transitan miles de kilómetros bajo las más inclementes condiciones, todo para dejar atrás la pobreza y la exclusión social a los cuales los somete la misma violencia de la que huyen y resulta que acá también lo tienen, siguen siendo excluidos y sobreviven en circunstancias de pobreza.

¿Cuál es la solución para estas personas a quienes se les han vulnerado sus derechos la mayor parte de su vida? 

Regularizarlos. Y una vez esto suceda, procurarles toda la asesoría posible para que puedan acceder a una vida civil digna, es decir, que puedan obtener los documentos con los que puedan acceder a los sistemas de salud, educación, empleo, alimentación, vivienda digna.

Es por ello que se requiere mayor apoyo a los migrantes para la obtención, por ejemplo, del CURP, el Estado debe redoblar esfuerzos por incluir a estas personas en los registros poblacionales para que tengan oportunidad de disfrutar de beneficios sociales.

La labor de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales en pro de los migrantes es la razón por la cual han aumentado los registros en el CURP en los últimos años, buscando tutelar los derechos de estos desplazados quienes desean tener una nueva oportunidad y ven en México el norte de sus aspiraciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *